La herencia invisible
Las cosas de mi padre que viven en mí.
Estos días he recordado mucho a mi papá. Acaba de pasar el fin de semana del Día de Muertos, y aunque el mío fue muy movido y rodeado de amigos, inevitablemente, él aparece en mi pensamiento.
También vi a una de mis mejores amigas, que vive lejos y a la que veo muy poco, pero cada vez que la veo me recuerda a él. Fue de las que más lo convivió. De hecho, el apodo con el que la llamo se lo puso mi papá. 🐥
Me gusta escribir sobre él. Es como si pasáramos tiempo juntos. Sé que al terminar este texto lo sentiré más cerca, y con suerte, quizás hasta sueñe con él.
Hoy quiero escribir sobre las cosas buenas que me heredó. Porque aunque en gran parte de mi vida fue un padre ausente, tengo su sello en muchas cosas que me gustan de mí.
Su sentido del humor. Sin duda una de sus más grandes virtudes. Tenía muy buenas ocurrencias y era creativo en los apodos. 10000% se lo heredé.
Su sensibilidad. Mi papá lloraba bien fácil con cualquier cosa. En el cine un sinfín de veces moqueó a lado mío y con películas cursis y románticas. Lo volteaba a ver y se apenaba y sonándose me decía “ay mijita, ya ves…”
Su risa. Le daban ataques de risa. A mí también.
Su ingenio. Era rápido para leer a las personas, para decir algo y darle un giro cómico. También en contar anécdotas y no quitarle un segundo la atención. Pienso yo que también es de mis grandes virtudes.
El amor por la comida. Él me entrenó para comer en la calle. Difícilmente algo me cae mal. Me llevaba a unos tacos de canasta buenísimos y a unas hamburguesas callejeras con una piña enorme encima: jugosas, saladas… las mejores que he probado. Para él comer era un placer, y para mí también lo es.
Su amor por los perros. Entendía profundamente la compañía y el amor sin condición que puede darte un perro.
Su gran corazón. Por mucho tiempo pensé que no era una buena persona por su alcoholismo y las formas en que eso lo llevó a lastimar. Hoy entiendo que su historia estuvo llena de distorsiones y que no tuvo las herramientas para actualizarlas. Aun así, fue un hombre noble, y cuando estaba bien, su intención principal era amarme, cuidarme, darme lo que un papá quisiera darle a su hija. Ese gran corazón también lo tengo yo.





Hoy lo recuerdo con un amor suave y profundo, y con nostalgia. A veces fantaseo con la idea de que siguiera vivo, que hubiera podido reparar su vida, conocer a Alan (mi futuro esposo), ver el hogar que he creado. Conocer a sus nietos (los hijos de mi hermano), que pudiera compartir su vida con la vida que hemos construido Luis y yo. Estaría orgulloso. Imagino cuánto lloraría el día de mi boda; seguro en nuestro baile los dos pareceríamos tomates.
Cuando andaba bien, le gustaba caminar en los Viveros o en el Bosque de Tlalpan. También fantaseo con eso: con que pudiéramos caminar o correr los domingos, tirarnos en el pasto y escucharlo decir: “Esto es pura vida, mijita.”
Con el tiempo he aprendido a ver al ser humano que hubo detrás. Hoy poder reconocer lo que de él vive en mí, me llena el corazón.
En este árbol enterramos sus cenizas.
Gracias por leerme,
Sofía.




Que hermosa herencia y escrito, honramos a los que ya no están viviendo nuestra vida recordándolos 🤍 un fuerte abrazo
Qué hermoso escribes So, coincido con el gran legado que dejó tu pa y con lo que te pareces a él: tan simpática, ágil de mente, con un gran corazón, sensible y con una gran capacidad de disfrutar la vida 💝 te mando un abrazo enorme